miércoles, 30 de abril de 2008

De lenguajes y verdades


No importaban tanto las palabras, eran ondas que no sabían más que desvanecerse. Un silencio podría haber tenido más sentido, algo que expresara una emoción más allá de cualquier alocución, en un lenguaje más explícito. Tampoco se manejaba mucho por debajo de la mesa, cuando lo cotidiano no adquiere tintes dicotómicos no es necesario hacer juicios que establezcan lo bueno y lo malo, y la verdad se convierte en una interrogante que no hace falta descubrir. Porque descubrir la verdad es en ocasiones una mera inocentada, puesto que hay miles de verdades, de tal forma que una mentira que nunca se sabe puede parecer verdadera, y una verdad que nunca se cree puede sonar a mentira. Pero en esta noche de bar a media luz, ciertamente lo único real es lo que puedo ver sin abrir los ojos, ¿me explico?, eso que llevás por dentro y que no sabés esconder. Yo tampoco sé esconder, si este cielo estrellado de tímidos destellos me ilumina un poco sabrá que soy simple por un momento, sin pretensiones, olvidando las disertaciones esquematizadas, como un susurro leve, que vuela en expectativa errante a través de un espacio sin oídos, en una lírica que no se escuchó jamás.

lunes, 28 de abril de 2008

Los finales anunciados


Sería triste verlos llegar tan lejos sin tener otra elección, sin haberse percatado de que los cambios existen dentro de cada uno y no en sueños lejanos. Sería triste ver que todos los finales fueran irremediables en su impostergable aparición, como muertes anunciadas que forzosamente deben suceder. Triste, como todas esas cosas que no hicimos, como todo lo que dijimos y lo que dejamos de decir, que nos pesa por años y años. Así, como un retrato más en la pared, su semblante apesadumbrado se llenó de arrugas de amargura, sin darse cuenta cómo ni cuándo olvidó sonreír, acercándose a su final en lamentable resignación. Quizá son los eventos los que nos arrastran a muchos en nuestro pusilánime actuar, quizá no nos damos cuenta que la desidia nos margina contra un muro inevitable hasta que agazapados nos dejamos vencer, así de simple, en la cotidianidad de nuestras miserables vidas. No pareciera importarnos nada, talvez acaso un hoy egocéntrico muy limitado, talvez acaso nuestra ceguera no nos deja ver que el mundo está aquí para ser cambiado, puesto que el mundo somos nosotros. Los cambios son necesarios, para bien o para mal, con todo el miedo que acarrean, con toda la negación con la que los afrontamos; los cambios debieran ser nuestra razón de ser. Y al no serlo, al conformarnos, nos sentamos en nuestro cómodo impasse, acostumbrados a transcurrir sin trascender, irreflexivamente, anunciadamente.

miércoles, 23 de abril de 2008

Los tiempos


Si en el presente confluyen todos los tiempos, los recuerdos, los eventos, los planes y sueños, entonces lo único invaluable es cada segundo, cada pensamiento que nos hace saber que estamos vivos. ¿Hace cuánto fui un niño? ¿Cuándo dejé de serlo? Ese pedacito de gente que sin saberlo evolucionaba hacia la complejidad, en el ambiente perfecto, en el lugar y el momento ideal, justo cual debía ser, en una grandiosa exactitud del universo que desencadenó en un hoy. Una secuencia de reminiscencias viene de repente como alud incontenible mientras veo como todos hemos envejecido, toda la gente que me antecedió me ve como adulto, mis amigos con los que crecimos y maduramos son ahora hombres y mujeres con vidas hechas que giran en derredor a un pasado común, entre una sensación de amor inconmensurable y nostalgia los veo distribuirse en esta teleserie o tragicomedia que es la vida. Mañana cerraré mis ojos y sin advertirlo seré un adulto mayor, con una carga colosal de sucesos en mi mente, de sensaciones y sentimientos añejos que adornarán mis arrugas y canas. Lloraré por todo aquello que ya no será, por todo lo que ya no estará, reiré por todo lo que fui, por mi hoy, recordaré este día, con una boda en esta Antigua de mi corazón que me puso meditativo y nostálgico, un evento de sucesión y partida, de alegría y adiós. Es hora, quizás, que los hermanos partan y formen nuevas familias paralelas, que las situaciones dejen de ser, que renazcan y maduren, que mis ojos descubran nuevos horizontes, en esta inmensidad de porvenir, mientras viajo a lo desconocido, mientras sueño y anhelo, en esta incertidumbre de existir, de ser.

lunes, 21 de abril de 2008

Tiempo de escasez


Siguiendo la tendencia actual, este singular mercado ha dejado bien marcado su modelo de alza generalizada, hoy los precios son inalcanzables, exorbitantes, y las esperanzas del oprimido consumidor se hacen cada vez más imposibles. ¿Qué haré yo entonces? Escaso de recursos tendré que racionar, ¿reciclar? No basta con conformarme como hacen muchos otros, no, no puedo evitar evidenciar mi razonable inconformidad, al menos hasta que encuentre la forma de paliar esta vil necesidad. Ese es el problema cuando agotamos de manera irresponsable los recursos, sin saber que la fuente es frágil y precaria, hasta que nos damos cuenta de que los tiempos de pobreza se nos vienen encima en un inminente deslave, y sucumbimos. ¿Quién tiene los recursos para adquirir este nuevo mineral precioso que se escurre entre los socavados de esta construcción social? Todo es una constante revolución de propuestas mercantilistas, en un juego de consumidor y consumido en el que hay muchos perdedores que aún no se percatan que están siendo manipulados; ya la estafa es ineludible, ¿quién no se ha dejado estafar? Pero, ese algo que hoy llamo producto, ese artefacto de intercambio, ese objeto intangible al que me refiero, no es una aleación preciosa que se puede dejar de comprar, no es un líquido vital que me mantiene fisiológicamente funcional, es el ente que debería complementar los elementos que me constituyen, esa mercancía ilícita que no encuentro en las oscuras esquinas, y que no encuentro en ningún lado. Así es, en otro tiempo lo obtuve sin buscarlo, lo malgasté hasta saciarme en un bacanal voluptuoso de entrega y despilfarro, como millonario que derrocha sin saber de pobreza, en una noche que acabó al desnudo ante un crudo amanecer. Hoy los sentimientos son escasos, se han vuelto caros, y compramos imitaciones baratas en las tiendas de fantasía. Es tiempo de ser escéptico, crítico, calculador hasta el cansancio, así se han fijado las reglas en un patrón establecido a lo largo de este juego; los sentimientos serán una ficción romántica que se leerá en formato binario… pero quizá me equivoque, y haya todavía un espacio en el que los podamos experimentar.

miércoles, 16 de abril de 2008

4a. Calle

Quisiera salir a la calle sin tener que hacerlo, salir por querer, porque el quiero y el quisiera son dos cosas tan diferentes. La calle esa que me vio vivir, que se pudre día a día entre la aberración de este mundo, que se entristece a pesar del cielo magnífico. Otro paisaje surreal de lo que es el mundo exterior, un simple espacio transitable que vive a flor de piel (o de asfalto) el malestar de una población. Pero somos huevudos, mi gente y yo, porque armados de valor e insensatez salimos a estas calles-orbe a aguantar y ver qué nos pasa, o qué no nos pasa, o qué hacemos, si no caemos presa del fatum. Algún pensamiento hermoso aflora sin embargo, como pequeña flor silvestre que nace terca entre algún resto de cemento, es esa la consecuencia de la distracción. Distracción o resignación, el espíritu aguanta un poco de ambas condiciones, puesto que sin estas caeríamos irremediablemente en una patología crónica que nos aniquilaría. Y mientras, enfermo o no, parece que logro caminar por esta acera que conoce bien mis pasos, llego a la esquina, esa misma intersección de la que parten los caminos hacia el horizonte, y suspiro. A fin de cuentas, es el mismo paisaje urbano que me presenciará en las muchas dimensiones oblicuas por las que atravesaré, en este futuro incierto que presenta soles y cielos nublados. Retornaré inconsciente por este sendero, hacia algún anochecer postrero que se tornará silencioso en alguna pretensión extraña de armonía o quietud, bajo la luz amarilla del alumbrado público, entre sombras de casas y cosas, en una imagen a medio armar en un álbum del barrio, irremediable, irrepetible.

sábado, 12 de abril de 2008

Brisa

En un claro intento por descifrar su viciada vida, e invadida por una absurda necesidad de acompañar la ausencia, abrió la puerta. Dentro, en el asfixiante humo de la confusión, donde el aire pareciera escasear, como si las partículas se detuvieran haciendo que el tiempo se paralice, esperaba aires nuevos que entren incesantemente. Fuera, la inminente brisa, que presta a recibir el claro ofrecimiento, se establece en su vehemente oportunismo. Una simple versión de los hechos que pudieron ser distintos y que no lo fueron, pero en ningún sitio hay espacio para arrepentimientos. La brisa es incesante y obstinada, es un mal que se cuela por doquier sin permiso ni remordimientos, ávida de tomarlo todo con su vil presencia. Una cruel resignación de que los hechos podrían ser distintos pero no lo son. Existe en el interior un resquicio de frescura, un hálito de pureza virgen que debe ser salvaguardada, pero el cómo es la pregunta, en un lugar donde los porqués responden en un sonoro sinsentido. ¿Quién pudiera devolver cordura a las horas desquiciadas que tan inútilmente se perdieron? Olvidadas en cada una de las memorias de viejos momentos, las manecillas del reloj reclaman indignadas el actuar timorato que condujo a semejante atrocidad, hastiadas de andar y andar en los malhechos círculos de equivocación. Y así se desvanece el aroma del ayer, invadido por el presente incierto, en una nube de desilusión y conformismo, en el grotesco disfraz de lo que quiere ser, bajo el triste rostro de lo que no fue.

miércoles, 9 de abril de 2008

Los entierros


En la diversidad de los sucesos encuentro la amplitud, una disponibilidad inconsciente que permite crecer, evolucionar. Ya no soy lo que fui, ni lo seré, seré algo más, una prolongación de mi pobre inicio, ensanchado hasta el máximo obtenido, quién sabe si mejorado. Una suma de influencias que he adoptado con el tiempo, un cúmulo de autenticidad forjada con esfuerzo y razonamiento, un producto de mi entorno que perpetúa algunas pocas cosas originales, eso y quizá un poco más será mi definición final. Pero en el trayecto la personalidad colapsa de vez en cuando, no sé si para reinventarse o para sobrevivir, como una detonación necesaria que clarifica los caminos, dejando de lado lo obsoleto, lo mediocre, eso que entorpece y que pesa como lastre inservible. Así van quedando rezagadas las personas, las acciones, los pensamientos, los sentimientos y los recuerdos, en una muerte que duele y que cuesta, en un vehemente desprendimiento de tegumentos que deja al descubierto un fondo frágil, que no estaba listo para resistir. Muerte necesaria que deja en el camino una hilera de sepulturas, epitafios de una y mil equivocaciones, remembranzas lúgubres de amistades y amores perecederos, una apología a la precariedad. Talvez he asistido entonces a más funerales de los que pensé, teniendo que soportar la dura carga de enterrar todo aquello que me resultó dañino, estampando lápidas con nombres y fechas de mi vida misma, aguardando otras tantas que fallecerán a su tiempo. Por un tiempo nada más visitaré mi cementerio personal, sólo mientras dure mi vano remordimiento, hasta ese día llevaré flores de rencores y olvidos marchitos, por un tiempo nada más volveré la vista atrás, pensando: ¿cuántos más me habrán enterrado a mí?

martes, 8 de abril de 2008

La piedra


Con los ojos vidriosos se incorporó a una vil realidad que lo acongoja inmisericorde. Débil en su vano esfuerzo por levantarse decidió dejarse caer entre cobijas y almohadas, tratando de regresar al sueño, de olvidar un poco. Algo le ha sido arrebatado, un algo inesperado que hasta hoy se presentaba como algo seguro en su vida, ese tipo de algo que cambia las cosas, una gran parte de sí mismo que lo hará incompleto. He aquí el punto de partida de la nostalgia: la pérdida. Pero esta máquina de carne y hueso debe continuar en su andar rutinario, la ocupada agenda no permite interrupciones inútiles para suspiros o lamentos, en un abrir y cerrar de ojos su estructura física se habrá transformado en un ente decadente, finito tal cual es, dejará de sentir. ¿O ha dejado ya de sentir? La línea divisoria entre el razonamiento de las cosas y la emoción subyacente es muy difusa, cuando ayer por la noche meditaba, se dio cuenta que lo que él conocía por suyo, lo que él tanto apreciaba, era en realidad un elemento efímero, su dolor inconmensurable que le oprimía y le confundía cesó de repente y se convirtió, inesperadamente, en un razonamiento. Ante el inminente mecanismo de defensa se preguntó: ¿esta comprensión de los sucesos y sus consecuencias me hace un ser inerte? Eso que llamamos fuerza, que llamamos consuelo, racionalización, es a la vez una desensibilización. En esa búsqueda interminable de respuestas el corazón se va haciendo frío, la deshumanización como preludio a la piedra es una inminente y triste apreciación de un cambio que aunque necesario, no siempre es para bien. Cansado y abatido por una larga jornada regresó a su cama, ha pensado mucho y su expresión se ha endurecido. Recuerda y reflexiona, ya no es más el hombre de ojos vidriosos que despertó por la mañana, ese algo que ya no está y que ya no encuentra es un vacío abstracto que talvez nunca existió, un sueño que ya casi olvidó. Duerme, y luego de la inconciente transición de las horas, se da cuenta que al despertar le ha sido arrebatado algo más, un algo inesperado, ese tipo de algo que cambia las cosas, una pequeña parte de sí mismo que lo hará incompleto: una lágrima.

viernes, 4 de abril de 2008

Bruja

Sumergida en una inmensidad de pensamientos, como una imaginación de la mente que se materializa entre la brevedad de un instante, una mujer: exuberante aparición que ha dejado de ser únicamente eso. De figura fantástica y con una apariencia exquisitamente misteriosa, sigilosa, oculta entre una multitud convencional, perteneciente al imaginario colectivo pero dueña y señora de sí misma, del entorno, de las épocas. Hace su entrada discreta con un donaire felino que se mezcla en una atmósfera de humo y esencia, persuasiva y seductora en su displicente actitud. La luz tenue del recinto penetra en los diminutos espacios, ventanas ilícitas que dejan las prendas negras sobre su escultural cuerpo, permitiendo apreciar una piel lívida y tersa, cuidadosamente perpetuada por los encantos de su singular oficio, majestuosamente macabra. Ese encanto malicioso, fruto de su arte oculto, causa y objeto de la perdición de los hombres, se manifestará como el grandioso vínculo entre la sensualidad y su pecado implícito, de placer y condenación, en un irreverente arrebato de la voluntad sobre las voluntades. Hechizado y despojado de mi decisión, he sucumbido ante su sortilegio de instinto, llevado hacia los bajos espacios en un lujurioso aquelarre, divina antípoda de oscuridad y gloria. Irrestricta en su mandato ha tomado cuanto quiso, voluptuosa emperatriz de la malicia que se apodera de su noche, efemérides ancestral que hoy adopta su versión occidental, entre el bullicio de la música y los disfraces, en un jolgorio pagano, suyo.

jueves, 3 de abril de 2008

Aquí


Realmente algunas perspectivas hacen parecer como si los espacios no terminaran, una continuidad irreal quizás, pero es que estamos tan acostumbrados a los límites que pensar en formas diferentes suena a locura. Fijo la vista en los árboles que se yerguen frente a un marco de cielo en un vals de brisa, movilidad embriagante; mientras, me muevo en el tiempo en una contradictoria perpetuidad. De dónde vengo, en esencia es irrelevante, si la línea persiste en una espiral cotidiana que posee trayectoria propia. Hacia dónde voy, posiblemente es una interrogante sin respuesta racional, sería, en todo caso, una cuestión de enfoques. El transcurso de los eventos suele consistir en un contexto de inadvertencia, con una mecánica de acciones previamente establecida o con pequeñas improvisaciones, como una secuencia automática que se repite sin dar lugar a percatarse de mucho. Una vez se es parte del sistema es más difícil encontrar tiempo para sentir o pensar, ¡y esto casi suena a excusa! Aunque, más bien creo que es un lamento. En todo caso una serie de lamentos, percepciones borrosas que al final del día atiborrarán mi mente. Talvez por eso persisto en mi actitud errante, harto de todo me refugio en los pequeños escapes, salidas convencionales que utilizo para afrontar este sinsentido. Aquí, en este pequeño lugar al que llamo hábitat, rodeado de mis seres cercanos, compañeros itinerantes de mi solitario penar, contemplo la magnitud del significado de estar vivo, entre faenas arduas de trabajo, prisas y discusiones, brindis de melancolía y una que otra risa sobrevalorada. Aquí me siento a esperar, cansado de esperar, esperando inexorablemente. Entre el sueño y la realidad, entre los espacios y las sensaciones, reconfortado por un abrazo, en mi mar de letras que es un espejismo. Aquí.

lunes, 31 de marzo de 2008

Árbol

Han crecido y se han multiplicado ostensiblemente las raíces de este árbol, interesante árbol. Su tallo es hoy más grueso y robusto, ha dado bellas flores y frutos, también ha padecido sus otoños e inviernos, siempre estoico, árbol de memoria y tiempo. Metáfora interesante de una amistad que un día sembré, este árbol que a través de las estaciones cambiantes me sigue brindando sus bondades, aguantando mis desatenciones. Qué paisaje tan espléndido es la vida con este árbol en mi horizonte.

domingo, 30 de marzo de 2008

Amiga


Cae la noche y lentamente disminuyen los grados centígrados del ambiente, un característico octubre de este pequeño espacio geográfico llamado Guatemala. Afuera la gente y sus problemas reales, los que no tienen y añoran, los de las esquinas que acechan o venden, los que llaman techo al omnipresente cielo sin luna, los que regresan, los que permanecen; insistente ignominia que es este transcurrir en repetición. Adentro un silencio, la tenue luz… y yo. De vuelta a la pantalla azul, con sus iconos que gesticulan esquemas mentales comprensibles que sistematizan el oficio, atrás quedó hace tiempo el viejo lápiz y el papel; simple transición de forma, más no de fondo. Pero, ¿entenderá alguien el significado que subyace al texto? Sentí por un momento una pequeña conexión, será la convivencia acaso, será el cariño, la añoranza de saberte finita, que te irás y que seguirás encontrando tus emociones lejos de mí, como la melancólica de hoy, en un futuro divergente. Ciertamente al renegar de la gente olvido que siento grandes afectos hacia algunos, pocos quizá, olvido que a veces me siento apreciado, y que eso me hace sentir bien. Quisiera secuestrar los pequeños instantes y enmarcarlos en mi memoria, las conversaciones, los acercamientos reales que surgen de una interacción, como en una fotografía que permanezca, poder juntar todas esas experiencias que conformarán un día mi tesoro individual, eso que con el tiempo se convertirá en mi pasado. Y así partirás, hacia un horizonte desconocido que te hará crecer. Me detengo en un punto, cierro los ojos y reflexiono: los caminos se cruzarán en las diferentes estaciones. Entre tanto, te pienso un poco, mientras sigues aquí, antes que comience a extrañarte, feliz de haberte conocido.

martes, 25 de marzo de 2008

De vez en cuando


De vez en cuando sale de su pequeña habitación, mundo refugio de tiempo perecedero. Empeñado en una constante ansia se para justo frente a la vereda, a esperar con la misma especulación de siempre, hasta que la ve llegar. Fresca como la mañana más esplendorosa, con esa sonrisa inmensa que lo devana de placer y dicha con sólo mirarla, pletórica de luz en esos ojos grandes que revelan una incomprensible inocencia, casi una princesita inconcebible de cuento de hadas, ridículamente imaginaria, tristemente imposible. De vez en cuando se atreve a pensar un poco más de la cuenta, dejando de lado sus inútiles proezas y conquistas, con esa fija aspiración de encontrar lo verdadero entre la maraña de vanidad y superficialidad, adentrando en esos sentimientos que son fuertes, peligrosos, ¿autodestructivos?, ¿necesarios? Jugando a ser pero sin sentir de más, jugando a entender pero sin sufrir de más, intentando tener, pero sin anhelar de más. De vez en cuando regresa a su habitación, se acuesta en la cama viendo al techo de granito amarillezco, se da cuenta que parece no encontrarse del todo preparado para estar despierto, son apenas las 3:30 AM, y quizá sea tiempo de volver a soñar.

lunes, 24 de marzo de 2008

Adiós


Sí, es difícil decir adiós, a lo que se quiso, a lo que aún se quiere, eso que por alguna razón se va. Cuando la sensación es tan inaguantable que estrangula cualquier razonamiento, se percibe en el momento como una clara amputación, de un intangible quizá, o de algo que en algún momento se convierte en un todo. Pero los todos y la nada son tan relativos. Una palabra que hizo falta, o un afecto que jamás existió, bien podrían ser la espina que continúa punzando durante los atardeceres venideros. Y por la noche, justo al apagar la luz, esa extraña sensación de vacío hace parecer los espacios incompletos, como aferrándose a un abrazo que no se puede dar, o que se quisiera recibir. Y en el interminable transcurrir, se va extinguiendo poco a poco eso a lo que llamamos esperanza, triste consuelo de aquellas aspiraciones tontas, de aquellos momentos abandonados en el pasado, muertos ya, en un peculiar esquema que siguió los trayectos del sinsabor, en esa amargura del hoy. Pero no permanecen por siempre los viejos fantasmas, ¿podrían acaso perturbarnos para siempre? En un implacable ir y venir, todos esos antiguos adiós se van esparciendo en los resquicios de la memoria y, si bien no desaparecen, se cubren de un fino manto de tiempo, camuflándose con el constante cambio. Entonces, contemplamos los continuos finales desde esa vitrina que siente cada vez menos, así preparamos el cambio de papeles, la inexorable plataforma desde donde nos preparamos para la última despedida, y así alguien más la recordará, esperando su cruel turno.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Flor


Seguirá esperando con la sutileza de una flor. Pero le han cortado el tallo y pronto se marchitará, aguardará paciente, perecerá como las últimas palabras que pronunció. En realidad las palabras son emisiones efímeras que vuelan libres hasta desvanecerse, se desenvuelven autónomas de su real significado, aún las escritas se convierten con el tiempo en figuras retorcidas que se oxidan irrestrictamente, sujetas a las percepciones de los diferentes interlocutores. Cárceles gráficas o sonoras de los pensamientos, ligeras y vacías de sentimiento alguno. ¿Inútiles? Podría ser acaso que lo que quiso decir fuera algo totalmente distinto a lo que su corazón quería mostrar, podría ser una equivocación simple y llana, un error de articulación, podría ser que yo no entendí o que no quise escuchar, podría, pero es un desperdicio de tiempo y estoy harto de suponer. De esta manera las cosas quedan en el aire, suspendidas en la irrelevancia en la que siempre han estado y en la que permanecerán, así es esto de las interacciones humanas, tan susceptibles de cambios, de deformaciones, tan imprevisibles. Pero el aislamiento físico es un lujo propio de los antiguos anacoretas, y esta sociedad no permite prerrogativas de semejante extravagancia. Así que seguirás aquí, mi bella y mustia flor, soportando mi amor y mi desprecio, mi atención y mi desdén, seguirás junto a mí en este frío infierno de Sartré en el que nos hemos encerrado, locos condenados sin derecho a redención. Afuera aguardan los prejuicios, los intereses y las hipocresías sin sentido de la gente, en una ficción mal hecha de los vínculos interpersonales. ¿Quién osa desafiar la vida sin personas a las cuales apreciar? Hermanos, hijos, parejas o amigos, indolentes voyeuristas de nuestras tristes vidas, accionando los botones que constantemente despiertan las infinitas emociones, en círculos confluentes que se yuxtaponen irreverentes con la mismísima existencia del ser, en la miserable cotidianidad. Ven entonces con tu perfume vegetal y tu tersura de pétalo, exquisita a la vista, natural y delicada, con tu diálogo lírico incesante, retórico, que alimenta el vacío interno con que te reciben mis oídos sordos, prestos a escuchar tus mudas palabras.

martes, 18 de marzo de 2008

Hablando de Religión


Poco anuente a la idea, pero casi obligado a hacerlo, me doy a la difícil tarea de abordar el tema, con un sutil tono de Zaratustra y con mi humilde y muy particular punto de vista, me decido a hablar de Religión.

Tendría que dar inicio a esta polémica perorata dando mi concepto, mi definición: Religión, para mí, vendría a ser la forma como cada quien concibe a Dios, la forma que cada quien tiene de amarlo, de respetarlo, de interpretarlo, así como la muy particular forma de relacionarse con Él.

Del anterior enunciado se desprendería una verdad consecuente: cada uno tiene una Religión diferente. Así es, habrían tantas religiones como tantas personas en el mundo, talvez algunas muy similares entre sí, talvez muchas basadas en una misma doctrina, en un mismo precepto, pero estiradas y adaptadas a sabor y antojo de cada individuo.

La mía, por ejemplo, vendría a ser el resultado de una formación Católica, que se ha ido modificando con el tiempo, con forme mis ideas se han ido madurando y de acuerdo a lo que mi corazón y mi mente se disputan por discernir. Seguir una doctrina a la perfección, tal como la Católica o cualquier otra, es inconcebible en mi cabeza. Puesto que somos humanos, y cada quien piensa distinto de los demás, por más que muchos crean en un mismo dogma, la imagen mental de uno y de otro son dos cosas por demás distantes. En concreto: lo que para mí es negro, para alguien es gris.

Pero una vez expuesto mi punto anterior, está bien generalizar un poco (sólo un poco) para encasillar ideas disímiles. Me llamaré por un momento Cristiano Católico, perteneceré al grupo que así se ha de autodenominar también, y llamaré a los demás Cristiano Evangélico, Cristiano Ortodoxo, Budista, Musulmán, Satánico, lo que sea; esto con el único fin de simplificar criterios.

En un mundo errante, en un país caótico, en un hogar convencional y en una cabeza humana como la mía, la Religión es una pieza inherente al rompecabezas denominado Existencia. Un engranaje del cual derivan sentimientos, ideas y acciones o actitudes que ayudan a coexistir con los demás especímenes de esta raza pensante. Quizá por eso el sólo hecho de tocar el tema en una reunión es tan justo motivo de disputa, quizá por eso el quehacer público se acaba de complicar cuando se mezclan las infinitas ideas religiosas de todos nosotros, piezas de ajedrez de este juego que identificamos como Vida.

Y la vida debería regirse por normas que permitieran tener puntos de vista desiguales, digo debería porque lo anterior queda en una insípida teoría, la mayoría de veces, claro. Al no tener claro los conceptos de respeto y tolerancia, nos topamos con intromisiones molestas que simplemente no se pueden aceptar. Parece que aún no tenemos bien cimentada la idea de que nadie es dueño de la verdad absoluta, ninguno está exento de equivocaciones, todos, absolutamente todos nos regimos por cuestiones arbitrarias o empíricas, y sobre todo, nadie está en la capacidad de imponerle a los demás lo que debe hacer o pensar, menos aún, qué creer.

De tal forma, llegamos al punto negativo que acarrea este controvertido tema central. Lo que yo crea, lo que mi ínfimo entendimiento alcance a comprender, a imaginar, no debería ser motivo de distanciamiento con la gente que me rodea. No debería, pero lo es. Unos se esfuerzan en convertir a los demás, otros en hacer ver que están en la razón absoluta e ideal, otros se empecinan en no creer, en no querer escuchar, en pocas palabras, invaden espacios que no les corresponden con el mayor irrespeto, con alto grado de prepotencia. Talvez deberíamos de vernos todos desde una vitrina ulterior, tratando de descifrar cosas que escapan de nuestro raciocinio, peleándonos por encontrar y marcar las diferencias entre nosotros, haciéndole creer a los demás que nos pertenece un Dios verdadero que es mejor que el de ellos, esforzándose en aparentar que la práctica religiosa la llevan mejor si se autodenominan de una u otra doctrina, en una disyuntiva que destruye en vez de producir.

Yo preferiría pensar que todos hacemos de nuestra Religión un refugio de paz, de unión o armonía, y no un punto de discordia y divisionismo, hasta segregacionismo. Pero si existiera un Dios, único, de todos, por qué la necedad de buscarle diferencias, por qué el ímpetu de demostrar que la Religión se vuelve una simple y sucia prolongación del Ego que trata de decir que lo que Yo pienso es mejor que lo que Tú piensas. El hombre se presta a envilecer todo lo que toca, si hay un Dios, este tiene que ser puro y santo, no así las doctrinas ni las religiones, caracterizadas por sus mil imperfecciones. En resumen, me diferenciaré de mis hermanos por mis creencias y mis actos, pero me uniré a ellos por un Dios, el que es para todos.

viernes, 14 de marzo de 2008

Adentro


Por un momento se sintió seguro, creyó en la mentira que acababa de inventar y se refugió en ella. Suspendido en la fantasía se echó a volar por un breve tiempo, un instante rebosante de ignorancia y engaño que lo satisfacía hasta la saciedad; y luego cayó. No porque no lo hubiera meditado con anterioridad disfrazó esa realidad ridícula, sino porque se hartó de su inherente soledad. Es tan reconfortante pensar que los que nos rodean ciertamente disminuyen esa sensación de vacío, pero el individuo es solitario por mandato natural, es único en esencia. Y por un momento sintió que al tocar esas tiernas manos femeninas una extraña electricidad lo reanimaba en su interior, olvidó que la reacción no era más que una expresión de su ser que desde adentro realiza una burda interpretación de su entorno: en efecto, la electricidad nunca provino de afuera, fue creada por él, individuo indivisible. Sintió entonces como su cuerpo estaba recubierto por espinas que impedían todo acercamiento con sus semejantes, la cruda realidad azotó un golpe certero haciéndole ver que nadie nunca lograría adentrar en su corazón o en su mente, era un hecho, estaba solo, y todos lo están. Una lagrima escapó de él a la mañana siguiente mientras la contemplaba dormir. Vio su pálido cuerpo junto a él, un frío y distante ente que la noche anterior lo endulzó con pasión y deseo, que lo hizo olvidar su existencia, su yo. Se acercó necesitado, rodeó su tibio vientre y pensó: qué difícil es conformarse con la piel cuando lo que se requiere es algo intangible. Continuó su inevitable rutina, visualizó su día plano y sin emoción, condenado en resignación escudriñó en los rincones buscando anhelos, soluciones y esperanzas, prosiguió: aguardando los años.

jueves, 13 de marzo de 2008

Encontrando el sentido


¿Y si el viejo cuerpo perdurara? ¿Si la vida dejara de ser un suspiro efímero de décadas decadentes? Sería trascendente, en efecto. Un poco más, por lo menos, de lo que lo es en realidad. Sin ahondar en el alma, el individuo tendría la capacidad de engrandecerse, no como el súper hombre de Nietzsche, sino como un ente pragmático y funcional. A la larga el hecho de saberse finito, ¡tan finito!, hace ver insignificantes los eventos y sus consecuencias. El aprendizaje en sí mismo es un objeto altamente valorado, la creación en todas sus formas, la apreciación de los vínculos y la superación, todo al fin y al cabo son cualidades humanas individuales que se pierden con la muerte. Y si se toma en cuenta que la cita con la muerte llega tan rápido, toda virtud atesorada en esta vida es una mera insignificancia. ¿Cuál es el valor supremo entonces de la vida? Si seguimos un camino coherente de ideas, el juicio al que se llegará tendrá que ver indefectiblemente con el alma, el espíritu o la concepción de lo ulterior. ¿Entonces de qué sirve la escritura y la introspección que ésta conlleva? ¿No son las palabras y los sentimientos que ellas representan una mera insignificancia más? Claro, bien podría pensarse que son los ornamentos necesarios de la existencia, que sirven para llenar el ocio de los minutos durante el corto período de la vida, o podría ser una mera bitácora ostentosa y engreída. Si ese fuera el caso y mi diario no pasara de ser una vana presunción, una inútil distracción, no importaría en lo más mínimo su secuencia ni su interrupción, ni su forma o su divulgación, podría ser apócrifo incluso para disminuir la vanidad. Si dejara de pensar por un minuto en el arte y su importancia, podría seguir el paso hasta el final como un gran libro en blanco, con un único adorno de importancia monumental, el grande y poderoso punto final.

martes, 11 de marzo de 2008

El ello


Supuestos juicios minuciosamente elaborados por un sistema de pensamientos lógicos, algo desencadenó la realidad. De pronto un sollozo se hace presente y las lágrimas corren de un rostro que pareciera no ser el mío, cuánto dolor puedo causar con esta mi manía de ser un yo irrestricto e instintivo. El producto de los años es un evidente detrimento de la sensibilidad, una especie de arrepentimiento del tacto; ya no es necesario el eufemismo cuando lo real azota en la cara como cachetada. Todo se resume y a la larga se evidencia en la debilidad de las personas que no ahondan en sí mismas, casi suena a excusa, pero el mundo es una selva despiadada en la que hay depredadores y depredados, donde los depredadores muchas veces somos depredados, como en un inmenso karma, y es entonces cuando el mundo está en paz. En una extraña paz, ciertamente, porque alguien despertó al terrible monstruo que se esconde bajo el ego, lo hizo cobrar fuerza, lo obligó a atacar despiadadamente a la ilusión en la que viven los marginados soñadores. Cuánto lo lamentará la bestia, durante el tiempo que le resta, haber sido victimario, cuánto daño se causa al dañar… de nuevo es tarde, es otra vez hora de morir.

domingo, 9 de marzo de 2008

Ciclo

Un diario contemporáneo que narra a través de una red intangible y cosmopolita las extravagancias, excentricidades e insignificancias de la gente. Oídos sordos que se prestan a jugar con la retórica de las palabras. El ocaso del año, del ciclo que llegó a su cenit y comenzó a perecer. Entre una extraña lluvia que se estampa sobre un vidrio y el frío que se filtra por las terminales nerviosas, un pequeño suspiro yace en el fondo del ánimo tratando de emerger. Es una mezcla de tedio y desesperación, de desesperanza, de conformismo, ¿de costumbre? La vida se repite una y otra vez, y cada período parece ser menos relevante que el anterior, menos significativo, menos hiriente. Con el paso del tiempo las emociones se vuelven una reacción más del organismo, como si la vieja cicatriz se hiciera más resistente… y ya casi olvidara la injuria que la provocó. La incuria que la provocó. Veintiséis septiembres diferentes, que aguardan otros veintiséis, a la espera del final, cualquiera que sea, con la indiferencia de la roca que ve inexorable el paso de los segundos, uno tras otro. Y la soledad yace sentada en el rincón de la habitación, mientras escribo unas palabras, y espera paciente mientras la acompaño con una melodía y un trago, figurando entre la penumbra de la noche y la iluminación del ordenador. Gracias por esperarme, soledad, mi incondicional compañera.